LA PUERTA

© Carmela Rufanges – COMENTAR en ‘entradas recientes’ o ‘archivos’

Las puertas y los arboles siempre han sido una inspiración para mi. Los dibujo y los escribo por necesidad creativa, sin esperar compensación…por puro placer. Una estupidez más parecida a un TOC que a un requisito existencial, ¿pero quien soy yo para juzgarme?

Las posibilidades que desprenden las puertas cerradas son infinitas. En mi mente proponen un cambalache de artesanía con perpetuas maneras de interpretación, de desarrollo. Imaginación con picaporte a la espera de que el universo se alinee y me conceda permiso para traspasarlas.

Soy de lengua sincera, mirada intensa, piernas inquietas y labios acostumbrados a besar lo que más quiero.

No puedo dejar mi mente en paz, porque mi paz depende de la dinámica del movimiento. Me gustaría superar lo novelesco y arrebatado de mis acciones, pero no puedo evitar que este comportamiento me defina, es más, me crea una silueta imaginaria de un metal noble a prueba de injusticias, que yo me encargo de reforzar día a día, momento a momento, decepción a decepción, reconciliación a reconciliación.

Me cuestiono y me quiero a partes iguales, pero siempre conmigo. Superarme, reírme de mí misma y darme el SI QUIERO delante y detrás de cada puerta me proporciona felicidad.

Que nadie espere que el tejido vivo de mi vena aorta se detenga por los rodillazos de la vida. Que no esperen que huya, que no esperen que huyamos,

Estamos presentes, más repletos de presencia que nunca.

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